Josep Pernáu, el periodista marcado por un icono de la Guerra Civil

memoriasEl año pasado encontré en una librería de saldos — librería Quevedo, en La Antilla — un texto fundamental de Pániker, del que me ocupé en este mismo blog, muy gratamente sorprendido por encontrar este tesoro a menos de 3 euros. Ahora ha vuelto a ocurrirme, un año después, esta vez gracias a las Memorias del periodista Josep Pernáu. Deliciosas, preocupantes, divertidas y, al mismo tiempo, más que necesarias para entender el periodismo de hoy. El autor falleció en 2011, pero dejó un rastro de trabajo y entrega encomiable, siempre centrado en su Cataluña de sus amores.

Pernáu nos pone en la pista de la explosión catalanista que vivimos hoy y la responsabilidad de los medios para construir un imaginario que ahora muestra su cara menos dialogante. Pernáu nos cuenta hechos de los años 50 y 60 que hoy los estudiantes de Periodismo no se podrían ni creer, como la propuesta del franquismo inicial de que los periodistas llevaran uniforme, como “soldados de la verdad” o que estuviera prohibido decir que una mujer había dado a luz, sustituyéndolo por “la señora XX, y su esposo don XX han sido bendecidos con la llegada de un hijo”.

En fin, texto que me ha encantado y que tiene mucho que enseñarnos, sobre todo ese juego de amores y desamores con el régimen franquista que se trajeron muchos medios catalanes, dando espacio a todos para que nadie dejara de mantenerlos. Luego, con la Generalitat, aún más “cercanía” del poder y un grupo de periodistas que siempre intentaron, en la medida de sus posibilidades, quedar fuera del fango para poder respirar. Entre ellos estaba Pernáu, una de las almas del Colegio de Periodistas de Cataluña y antes de su Asociación de la Prensa.

DE02012De todas formas, el libro comienza con una confesión emocional que yo desconocía. Una de las famosas fotos de la Guerra Civil, de las más conocidas, la de una mujer llorando ante el cadáver de su marido, corresponde a su madre y a su padre. El periodista perdió a su padre, durante el terrible bombardeo sobre Lérida en 1937, donde el fotógrafo Centelles llegó dos días después para darnos fuerza visual, como la foto de los padres de Pernáu.

Su padre era más bien de derechas y se pensó muy mucho marcharse por si le daban un paseo nocturno, pero le echó valor y confiscó la farmacia que regentaba como administrador y la puso a nombre de la UGT. Así pudo seguir en su ciudad y mantener el negocio del propietario, hasta que una bomba asesina de los mismos que él defendía le enterró durante 2 días en un edificio, hasta ser encontrado, en presencia de su mujer. La foto lo dice todo.

La familia se volvió a su pueblo de origen, donde el propietario de la farmacia les ayudó a salir adelante, en agradecimiento por haber salvado el negocio. Pernáu tenía 7 años. Aprendió con sangre que una cosa son las ideas y otra muy distinta la realidad, porque a su padre lo mataron los que él mismo defendía. Una sensación que mantuvo siempre cuando se enfrentaba a la censura franquista o a la presión catalanista, intentando remover la libertad de los periodistas, que siempre defendió, allá donde estuviera.

Un libro que recomiendo porque está de plena actualidad. Los que manipulan los medios soportando las increíbles andanzas de unos y las fechorías de otros no hacen honor a Pernáu. El Periodismo se construye a diario, fuera de cantamañanas que, una y otra vez, nos dan lecciones de ciudadanía desde las ondas de la Radio, las páginas de los periódicos o las tertulias de televisión. Parece que quisieran volver a ese deseo del franquismo de poner uniforme a los periodistas. Algunos no se lo han quitado nunca.

Un señor de Triana

Me gusta el barrio de Triana, en Sevilla. Buen ambiente. Buenos bares. Buenos y competitivos comercios. Atención casi familiar. Respeto a las tradiciones y presencia, al mismo tiempo, de una juventud que se abre paso, a pesar de la que está cayendo. Si, Triana es un barrio como muchos de toda Andalucía, donde la gente es normal y lucha a diario por salir adelante. Yo digo Triana, pero podría decir muchos otros barrios de ciudades y pueblos de Andalucía.

El ciudadano corriente y moliente. Las familias luchando a brazo partido por salir adelante. Y una estructura de medios de comunicación que les ofrece visiones de una realidad que, en teoría, debería ayudarles en ese afán de seguir adelante. Debería dotarles de herramientas para entender una realidad cambiante, que está dejando a muchos ciudadanos fuera de juego, sencillamente porque es muy difícil entender y asumir modelos sociales tan complejos.

Los recientes acontecimientos electorales me llevan a pensar que estamos equivocados en este camino. Que no estamos los medios dotando de esas herramientas a los ciudadanos; es más, estamos enterrando la brújula en muchas ocasiones, generando una supuesta realidad que, como ha ocurrido recientemente, estaba muy distante de corresponderse con la verdadera. Y lo que es peor, comprobada esa diferencia, el ejercicio ahora es justificar la de hoy, con otra suerte de sortilegios que siguen condenando al ciudadano a este espectáculo tan poco gratificante.

Y para colmo Italia acaba con España en la Eurocopa. ¿Cómo es posible? Si  resulta que éramos la grande entre las grandes, sin competencia alguna. Legiones de periodistas convenciendonos de que de nuevo íbamos a arrollar. Y pese a que en los primeros partidos ya se veía venir la debacle, la opinión publicada insistía en que no era más que un  bache, que el gran momento llegaría. Y nunca llegó. Ahora, momento para justificar y conseguir así que los patrocinadores sigan financiando este club de excluyentes en el que los ciudadanos empiezan a ser un mero accidente.   

 

Educación Mediática: matar al mensajero

emPodemos sabe que no servirá de nada en esta “legislatura interruptus” salir con lo de crear la asignatura de Educación Mediática y también con lo de controlar la expansión por absorción de los grandes medios. La semana pasada fue la comidilla en esta suerte de informaciones sesgadas que la política nos ofrece a diario, tratando, de facto, a los ciudadanos como menores de edad.

Efectivamente, se puso el grito en el cielo porque estos rojos de Podemos se atrevían a tocar la estructura de los medios de comunicación en España y evitar la concentración y, por lo tanto, las máquinas de poder. Además, se  atrevían a pedir que los futuros votantes de pleno derecho adquirieran herramientas mentales en su educación obligatoria mediante la creación de la asignatura de “Educación Mediática”. Finalmente, apostaban por la creación de un Consejo Audiovisual Nacional, al estilo, por ejemplo, del existente en Andalucía, con poderes y capacidades ejecutivas.

Todo fueron llamaradas de furor hacia estos recién llegados que odian la corbata. Cuando, realmente, no han hecho más que copiar lo que otros partidos habían planteado y, lo que es mejor, habían trasladado ya a sus programas electorales de anteriores elecciones, como por ejemplo el PSOE de JL Rodríguez Zapatero. Yo aplaudo 3 de las 2 medidas, que me parecen urgentes y absolutamente necesarias: la Educación Mediática y la creación del Consejo Audiovisual.

La tercera podrá esperar y, además, servirá de poco si ayudamos a crear ciudadanos críticos y que piensen por sí mismos. Vamos, que sean considerados mayores de edad, en pleno uso de sus facultades. Que ya va siendo hora.

Podemos y la Escuela Cínica de Filosofía

Es evidente que Iglesias, sin decirlo, se alineó con la Escuela Cínica. Nada mejor que eso en una Facultad de Filosofía, porque ese escaparate le permitió ofrecer una realidad acortada, simplista y, en consecuencia, lejos del día a día de Podemos y los medios de comunicación. Hay una intrahistoria ahí que no le autoriza a descalificar a un periodista como hizo ayer, porque su equipo de comunicación hace juegos malabares a diario, como todas las formaciones políticas, para ganarse un sitio en las portadas y en los titulares de radio y televisión. En Canal Sur lo vivimos cuando dio su primer gran mitin en Sevilla y aludió a la prohibición de Susana Díaz a sacarle en nuestra cadena, cuando él sabía que no era más que una pose populista, porque se negoció con ellos hasta la saciedad para que estuviera presente. Pero claro, la filosofía es una gran coartada. Lo peor, en mi opinión, es que el líder de Podemos es sólo eso, un líder político más, tan cínico como cualquier otro. Ha hecho un gran esfuerzo por parecerse a los políticos de siempre. Eso sí, le concedo que tiene un lenguaje más ágil y directo, pero eso, creo, no llega a convertirle en alguien distinto, políticamente hablando. En cierto modo, ha perdido esta batalla.

Doctor, me estoy volviendo analógico. ¿Es grave?

En poco más de tres semanas he cambiado de proveedor de telefonía, de seguro de coche y de alarma para la casa. Todo por uno de los males de nuestro tiempo: los “call center” o servicio de atención al cliente, pensados exclusivamente para mayor gloria y beneficio de la empresa y destinados a mantenerte siempre desafecto a la causa de la protesta prolongada, mediante el cansancio progresivo y latente.

La alternativo ha sido contratar servicios con agentes locales, cercanos y con nombre y apellido, a los que puedo visitar y llamar cuando guste. En Telefonía he dicho adiós a Movistar y he contratado los servicios de una empresa local que me da mejor acceso a Internet y más barato y, además, de vez en cuando me tomo una cerveza con su comercial. De paso, he quitado el número fijo y los tres móviles de casa los he pasado a Tuenti, la mejor relación calidad precio actual, en mi opinión. Sí, ya sé que Tuenti es de Telefónica, pero es que conozco a varios de sus responsables, que siempre me han atendido con cordialidad. Además, su web va estupendamente y gestionas los servicios con facilidad. Nada de llamar al “call center”. Prohibido.

Apuesto por la cervezaEso sí, en el momento en que me dí de baja de Movistar llamaron una y otra vez para que no nos fuéramos, ofreciendo alternativas que nunca nos plantearon cuando éramos clientes. Tirando los precios para que no nos marcháramos o, lo que es lo mismo, poniendo de tontos a los usuarios que sean fieles a esa empresa que, obviamente, están pagando de más si cuando te vas te ofrecen una rebaja considerable.

En los seguros de coche ha sido peor. Linea Directa Aseguradora tiene una voraz política de que contrates sus servicios como sea y te suben los precios sin avisar. Eso sí, si tienes un percance, aunque sea culpa de un tercero, date con un canto en los dientes si recuperas tu coche reparado antes de dos meses. Eso me pasó a mí. Sólo me permitían hablar con el “call center” y cada uno que me atendía me decía una cosa distinta, muchas veces contradictorias. El perito, mientras tanto, buscando excusas para retrasar la reparación, hasta que me fui al taller y hablé directamente con el chapista y mecánico, que me dio la solución. Yo tuve que trabajarlo todo. El seguro no hizo nada, salvo cobrar. De modo que, al día siguiente de recuperar mi coche ya reparado y tras 56 días de ser el taxista de la familia, entré en la web de mi banco y devolví todos los recibos que me habían cobrado. Es decir, rompí mi relación con ellos de manera abrupta y me fui a un joven corredor de seguros de mi localidad, que me ofreció 9 opciones y elegí la que más me gustó, con una rebaja del 45 % con respecto a Linea Directa. De paso, me tomé una cerveza con él.

En la alarma de casa ocurrió algo parecido aunque no igual. Nos dimos de baja del servicio y nos ofrecieron una rebaja considerable, que no aceptamos. Envié una carta certificada con la baja y al mes siguiente volvieron a cargar la mensualidad, que devolví de inmediato. Al día siguiente me llamó un comercial instalador de la zona y me pidió reunirse conmigo. Nos ofreció una mejora técnica considerable y una rebaja económica mayor. Me anotó tres fechas de llamada concreta al servicio para una nueva renovación más adelante y me pidió que siempre hablara con él. Me tomé una cerveza y acepté una prórroga de 3 meses, en la que estamos, con una rebaja de más de 55 % con respecto al precio del “call center”.

O sea, que tururú para los sistemas de atención al cliente, que, en la práctica, no son tales. Aunque te llamen de tú, cosa que me molesta sobremanera. “Yo te llamo de tú y somos colegas, pero paga, maldito” es mi traducción a esta forma de tratar al cliente.

Doctor, me estoy volviendo analógico. Tomo cervezas con quienes me dan servicios. ¿Es grave?

Digital, un debate sesgado

road-sign-63983_640Leo que a los periodistas les importa más en estos momentos su adaptación digital que el problema de empleo en la profesión. Vale, puedo entenderlo, porque están en juego muchos otros puestos de trabajo, aunque mucho me temo que también se incluye en este mismo paquete un desigual interés por la calidad y la ética informativa. El tiempo nos lo dirá.

De momento, lo que ahora se está produciendo es un posicionamiento claro de los medios. De una parte, el director de El País usó a la Redacción como excusa para anticiparnos a todos de que el diario será eminentemente digital muy pronto. Todo el mundo se posicionó claramente, incluidos los periodistas que juegan siempre a ganador y se apuntan al viento que mejor parece soplar. Empiezo a estar un poquito harto de estos perdonavidas que siempre dicen que ellos ya vaticinaron tal o cual cosa.

Este domingo, El Mundo se apuntaba al carro y su director puso el dedo en la llaga, volviendo el debate hacia nosotros mismos diciendo que nos pasamos el día criticando tal o cual cosa y los medios no entramos de lleno en este profundo proceso de transformación a que nos está llevando la tecnología. Buen artículo, incluido su comienzo, un tanto espectacularista.

Finalmente, ABC, vía Luis Enriquez, el consejero delegado de Vocento, intentó poner calma en el debate y dijo que, por ahora, no estaba demostrada la rentabilidad real del modelo digital de los periódicos y que el papel le lleva pero que mucha ventaja. También es verdad. No le falta razón, aunque se vea venir el desastre a medio plazo.

Lo que sí esta claro es que las nuevas generaciones no aspiran a comprar el periódico de papel. Ni siquiera lo hacen los futuros periodistas.

Además, y con esto termino, el debate en España nace sesgado desde el principio, porque los periódicos se siguen mirando al ombligo, cuando la transformación digital es total, empezando por los usuarios y terminando por el negocio de la Comunicación en su conjunto. Así que no es un problemas de los periódicos y sus consejeros delegados. Es un problema de todos los medios y cada cual responde como puede. Las televisiones, por ejemplo, llevan ventaja en esta transformación, a lo que hay que añadir que el público quiere vídeo, vídeo y, en tercer lugar, texto. Si, ventaja. De todo ello volveremos a hablar más adelante.

 

Aquel 23F y la pequeña radio que nos salvó a todos

Aquel 23F yo estaba estudiando un examen de último curso de Periodismo. Vivía en la Carretera de Vicálvaro y estaba escuchando RNE hasta que sonaron los tiros y se cortó la emisión. Desde ese momento pensé en que vería pasar las tropas del Cuartel de Vicálvaro camino del centro de Madrid. Sabía que mi compañero Vicente Mateos estaba en el Congreso y llamé por teléfono. La operadora me colgó sobre la marcha, por lo que llamé al padre de Vicente para comentarle que algo grave había pasado. También llamé a mi padre a su oficina y se lo comenté. Luego, larga espera. Llamada de mi hermano, que llevaba unos meses en EEUU y llamada mía a mi amigo Ricardo Sampablo, entonces ugetista de pro, al que le dije que se viniera a casa si la cosa se ponía fea. Esas fueron mis primeras horas. No dormí mucho.

A primera hora de la mañana nos fuimos Vicente Mateos y yo a los alrededores del Congreso. Nos dejaron pasar a la zona de prensa con nuestro carné de la Facultad de Ciencias de la información y allí pasamos toda la mañana. Vi engolarse a José María García, que nunca cumplió su promesa de dedicarse a la información general. Vi a gente preocupada y vi a gente resuelta. Salté y salté cuando salieron los diputados y mi tía Lola, la hermana de mi madre, me vio por la tele y le entró el miedo en el alma, porque sabía por lo que había pasado su padre — mi abuelo — tras la guerra. Todo se juntó. Yo hice lo que tenía que hacer y haber estado allí fue una experiencia inolvidable.

radioDe todo aquello recuerdo la historia de la pequeña radio que un diputado llevaba en su maletín y que se convirtió en el lazo con el exterior. Julen Guimón era este diputado. Escuchaba las noticias y luego se apoyaba como si estuviera durmiendo y contaba a los de al lado lo que había oído y éstos, a su vez, a todos, hasta que se enteraba todo el hemiciclo. Por eso aguantaron. Sabían que las cosas se estaban arreglando fuera.

Hoy pienso que si el golpe se produjera en estos tiempos tendríamos fotos robadas, twitter varios, vídeos extremos y hasta los guardias saqueando el bar del Congreso — incluido el bote de las propinas — en un alarde de hombría de bien. En fin, ya es historia. Vivan las radios portátiles. Yo sigo guardando una que me compré por 100 pesetas en Ceuta, allá por 1979. Funciona estupendamente.