Menos Trump y más compromiso

TrumpLlevo semanas escuchando sesudas reflexiones periodísticas acerca del fin del mundo, que llegará el próximo 20 de enero, cuando el señor Trump se siente en la Casa Blanca. Algunos iluminados incluso bromean y se toman a chanza la actitud de un señor que ha ganado unas elecciones nada más presentarse, sin tener que esperar a casi tres convocatorias, suspendiendo la última prácticamente en el minuto final, como ha ocurrido en España.

Tengo un profundo respeto y admiración por los EEUU y estoy seguro de que Donald Trump tendrá que asumir un camino de corrección, como hubo de hacerlo en 1980 Ronald Reagan, aquel actor secundario que sobrevivió a un atentado.

Esos periodistas deberían mirarse al ombligo y no reírse de un país que da todas las oportunidades a sus jóvenes para vivir una vida sin dependencia del hogar paterno; al contrario que en España, donde estamos asesinando — sociológicamente hablando — a toda una generación, cosa que pagaremos caro. Esto sí que es un muro, con ladrillos mucho más altos que los que, hipotéticamente, habrá un día entre EEUU y México, país este último, por cierto, que vive en verdadero estado de guerra civil.

También deberían mirar esos periodistas el sistema ético y práctico de su poder judicial, rápido como ninguno. En España hemos vivido episodios como el de Los Albertos, condenados en firme a ir a la cárcel, a la que nunca ingresaron. Hay una familia entera — los Pujol — que se ríen de la Democracia en nuestra cara. Hay un partido condenado por corrupción — el PP — que no hace autocrítica porque sabe que así seguirá ganando, mientras sus oponentes políticos a la izquierda se desangran en desigual batalla para ver quién administrará los puestos públicos que les queden.

El PSOE. singularmente, quiere parecerse a sus compañeros franceses, donde nada menos que 7 candidatos socialistas aspiran a la presidencia de la República. Tampoco se ha hecho autocrítica, a pesar de haber descubierto a un buen número de ciudadanos que habían sido incluidos en EREs pagados con dinero público, en empresas que nunca habían pisado, gracias al mirar para otro lado de quien no debió hacerlo.

Todo favorecido por un sistema judicial que se ha vuelto contra el ciudadano, gracias a su colapso real y el chiringuito de su jerarquía, en clara correa de transmisión del poder político. Seis años han estado esperando justicia tres profesoras de la Universidad de Sevilla, con el abusador yendo a clase, mientras ellas tenían que poner tierra de por medio para no encontrarse frente a él. Una y otra vez la dilación judicial perjudica a los mismos. Me acuerdo ahora de la pobre niña Mari Luz Cortés, asesinada por alguien que debía estar en prisión, pero ni el juez ni la secretaria judicial cumplieron con la sociedad a la que sirven, sin haber pagado por ello. Las cárceles siguen siendo un lugar para los “robagallinas”, pero no entra nadie que pueda pagar un abogado caro con contactos.

Esos estupendos periodistas de sonrisa ancha que se mofan del señor Trump deberían saber que en EEUU no existe el imperio de la economía sumergida, como sí lo hay en España, donde 1 de cada 3 euros se pierde por el sumidero. Algunos, como los autónomos, porque no tienen otra manera de sobrevivir. Algún día nos daremos cuenta de quién está soportando realmente este país y quiénes se están beneficiando de ello. No son los mismos, no.

Mientras tanto, el debate principal es si Messi o Ronaldo, Ronaldo o Messi. De ahí que el 39% de los españoles no abriera un solo libro el pasado año, como símbolo de una Educación que hace agua ante una sociedad que ha renunciado a tenerla como prioridad. No es el caso de EEUU, créanme.

Sí hay algo de lo que me enorgullezco y que en EEUU es un problema para la mayor parte de la población que no tenga altas rentas garantizadas: el derecho a una asistencia sanitaria digna. Nuestro sistema está entre los mejores del mundo, porque tenemos profesionales preparados y porque nadie se queda sin ser atendido. Ahí ganamos por goleada. A ver lo que nos dura, porque hay muchos nubarrones acercándose. El domingo, por cierto, estaré en la manifestación convocada en varias ciudades andaluzas para reivindicar una sanidad pública de altura. La quiero y la necesito.

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