El Debate del Aborto ya no será secundario

El pasado 4 de agosto publiqué esta entrada en mi blog, después de mi asistencia a la Escuela de Verano, en Sevilla, que organizó Podemos y a la que asistieron sus principales dirigentes, con excepción de Pablo Iglesias. Jornada muy productiva, a la que acudí como oyente, porque llegué a entender la dimensión del fenómeno Podemos, la “tormenta perfecta” que empieza a cambiar las reglas del juego. Todos le temen, no por lo que dicen, si no porque se han atrevido a poner en cuestión un sistema político nacido en 1978 que ha supuesto beneficios absolutos y oscuros para muchos y privilegios de casta que hasta ahora parecían inamovibles. A eso tienen miedo, a perder sus privilegios y a enfrentarse a la jartura del personal.

Twitter de PodemosPubliqué la entrada y en El Diario.es me pidieron reproducirla, lo que agradecí desde un principio. A partir de aquí, un intensísimo debate que tiene una conclusión clara para mí, lo que me satisface: haber contribuido a que el tema del Aborto no pase ya desapercibido para ninguna organización política, incluida Podemos.

Lo cierto es que la entrada fue agradecida por muchas personas, a las que les sirvió lo mismo que a mí, para aclarar de alguna manera la dimesión de este fenómeno político. Tuve varias llamadas y participé el tertulias improvisadas, favorecidas por este verano de debate donde todos estamos ya expectantes por los meses que se nos vienen encima, cruciales, diría yo, para la reciente historia de España, pues el Estado nacido en 1978 parece herido grave. Los comentarios en todas partes fueron positivos, siempre desde el punto de vista de la aclaración. Me gustó el argumento del subdirector de El Diario.es para publicar la entrada: un periodista se va y cuenta lo que ve y oye. Simplemente eso. El twitter oficial de Podemos se hizo eco y los comentarios eran siempre correctos y constructivos, levantando debate, que es lo importante. Eso sí, siempre están los que te acusan de haber matado a Manolete y que encuentran siempre el camino de la descalificación, pero con esto tenemos que vivir y no hacerles caso. Quien insulta merece el silencio. En general, en todo caso, ha sido fenomenal ver el torrente de comentarios y el debate posterior. Muy enriquecedor.

Debo decir, y así de claro lo dejé escrito en la entrada, que me sorprendió lo que Carolina Bescansa dijo sobre el aborto y me sorprendió también que nadie pusiera el acento en las primeras horas. Hasta que ocurrió dos días después y se desató la caja de los truenos, porque alguien cayó en la cuenta de que Podemos quería dejar en segundo lugar el tema del Aborto, en favor de otros, para generar el debate que les llevara al objetivo único: el poder. Y están los que insisten en que no dijo eso y los que dicen que yo me lo inventé o mal interpreté sus palabras y los que no entienden esta actitud de Podemos. Después de muchos comentarios en redes sociales, pedí a Podemos que hiciera público el vídeo de Carolina Bescana y así salíamos de dudas, pero, yo al menos, no lo he visto. Lo que sí ocurrió es que Podemos retiró su twitt (si, el de la foto que adjunto) en un fallo de principiante que disculparé porque sus responsables de Redes Sociales estarían de vacaciones.

Me ratifico en el argumento y, como digo, bien está lo que bien acaba. El Aborto ya está en la primera página del discurso de Podemos, gracias al debate generado, entre otros, por diputadas socialistas, que siguen manteniendo esa llama contra el miedo que tienen a esta nueva formación política. Atentos pues a los proximos pasos de todos. Podemos es la “tormenta perfecta”. Cuanto más se le critica, más duros se ponen. Y cuanto más defienden algunos lo indefendible, más se fortalecen ellos. Los ciudadanos están hartos y ahí tienen la espita de su desaliento. Espero que no se la cierren ellos mismos.

 

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Proyecto Europeo. Fortalecimiento de las Democracias

Texto de mi intervención en las jornadas “Retos y Desafíos Progresistas Frente a la Crisis Global”, organizadas por la Asociación Progresistas.

Hace tiempo que desde mi banco me dicen que cuento con un asesor personal y que no dude que llamarle ante cualquier duda o servicio que pueda necesitar. Esta mañana, pensando en estas jornadas, le he llamado y le he dicho que quiero que me explique en qué fondos se están invirtiendo mi plan de pensiones y el de mi esposa. Especialmente si son fondos europeos, norteamericanos, de países emergentes o paraísos fiscales…

El hombre ha intentado reconvertir mi pregunta explicándome que el Banco busca la mayor rentabilidad para el usuario (mentira, busca la mayor rentabilidad para sí mismo, pero eso ya lo sabemos) y que si estoy descontento puede ofrecerme otra serie de productos.

Le he insistido en que sólo quería saber dónde está mi dinero invertido; algo tan sencillo como eso. Me ha pedido una hora de tiempo y, a vuelta de llamada, me ha contado que el 33% del dinero está en un fondo industrial español de nombre indescifrable con sabor a petróleo; el otro 33 en un fondo taiwanés de gran tradición inversora y el último 33 en un fondo londinense que, al mismo tiempo, administra fondos de países emergentes como México, Brasil y Corea.

Eso hoy, claro. Mañana pueden cambiar las cosas en función de lo que el banco decida y las rentabilidades manifiesten.

“Es lo que usted firmó”, ha añadido mi asesor personal. Libertad para invertir su dinero donde creamos conveniente.  – Entonces, le dije, mi dinero apenas está en Europa ni se le espera, con la que está cayendo. Mi pensión depende de Taiwán, Ciudad de México y Corea y, parcialmente, de una petrolera española que acaba de ser comprada por la “International Petroleum Investment Company”,  sociedad que forma parte de un fondo soberano de Abu Dhabi.

Bien, dadas las gracias a tan probo funcionario, pongo delante de ustedes este ratito de conversación bancaria de esta mañana, para poner de manifiesto –sólo soy un periodista observador de la realidad – algo que ya sabemos todos, pero que conviene recordar, a los efectos de la supuesta identidad europea, que, en teoría, venimos a discutir aquí, buscando algún resquicio social al que agarrarnos. Son dos ideas:

•    Las corrientes económicas tienen que ver con el Pacífico y su globalización determina cualquier escenario, por pequeño que sea, ayudado por un poderío tecnológico que es, por sí mismo, determinante.
•    Ya no valen los criterios que marquen los mercados tradicionales, cuya estabilidad marcan otros escenarios, centrados exclusivamente en la rentabilidad, por encima de las personas, los gobiernos y los países.

¿Y Europa? ¿Hacia dónde va? Es evidente que el recorrido actual, al menos desde el ingreso de España en la Unión, parece tocar techo y es necesario un replanteamiento que no se centre en esa rentabilidad exclusiva que, insisto, se demanda a muchos kilómetros de distancia y en función de muchos intereses que no podemos ni conocer ni controlar.

A esta situación se llega por la existencia de una gigantesca estructura burocrática que ha consagrado sus esfuerzos en políticas abiertamente coyunturales, como la PAC, que ha generado una superestructura agraria subvencionada que sonroja a quienes claman por el reparto equitativo de la riqueza y el final del hambre en el mundo.

Se ha creado también una estructura política que no reproduce los criterios democráticos de cada país. En las grandes cumbres europeas, como Maastricht en 1992, o Lisboa en 2007, cuyos tratados determinaron el futuro de Europa, tanto en estructura como en crecimiento, las decisiones se tomaron a puerta cerrada entre sus jefes de Gobierno.

Ellos, luego, informaron al mundo de unas decisiones que, insisto, se tomaron a puerta cerrada y en función de múltiples intereses que, por cierto, aplaudimos y animamos desde los medios de comunicación, elevándolos a categoría de verdad absoluta, sin entrar en profundidad crítica ni reconocer que el Parlamento Europeo – donde se plasma directamente la voluntad de los europeos — sigue siendo una figura mastodóntica, cara, burocratizada e incapaz de criticar y corregir a quienes toman las decisiones.

¿Y la Europa Social? ¿Debemos olvidarnos de ella en tanto no resolvamos las cuestiones económicas? Este parece ser el discurso oficial no reconocido. En mi opinión, aquí está la principal cuestión de debate y el elemento que, desde una visión progresista, debemos plantear como innegociable: no se entiende una Europa de futuro sólo desde una visión economicista. Es más, es la Europa de las personas la que puede conseguir que creemos nexos que nos ayuden a superar todas las dificultades.
La Tecnología, la cultura, la innovación, la investigación… constituyen armas de desarrollo social donde los europeos podemos convertirnos en eje de una nueva visión cuya rentabilidad no es sólo económica. Va mucho más allá.

No es sostenible que Grecia o Portugal sean sólo una referencia en función de los índices de su prima de riesgo o que Italia y España se sientan acosados por fuerzas no aclaradas del todo, mientras que Irlanda ve marcharse su sueño de desarrollo.  No es de recibo que Alemania pretenda ahora cambiar las reglas del juego en función de intereses privados; o que Gran Bretaña utilice su insularidad para resistir sin arrimar el hombro.

El discurso debe ser otro. Buscar lo que nos une para ser más productivos en nuestro propio territorio europeo. De acuerdo que la Economía es fundamental para entender un Estado  (en España, por cierto, tendremos en algún momento que afrontar la locura de la financiación autonómica y la cuestión catalana) pero no puede ser la única vara de desarrollo, porque hay otras formas de abordar el futuro, principalmente creyendo en las personas y en sus capacidades y no determinando el futuro en función de lo que se decida en oficinas oscuras, en términos de propiedad y dependencia.

Es decir, una sociedad no articulada y acrítica; una Administración Pública que no garantice servicios esenciales; unos medios de comunicación en manos de intereses exclusivamente económicos; una clase política a la deriva, sin visión regeneracionista… nos puede garantizar una dependencia de especuladores que son los que están determinando nuestra existencia.

Una Europa unida; es decir, una Europa de las Personas hubiera sido el mejor antídoto para evitar los acontecimientos de los dos últimos años, donde alguien ha decidido que debemos pagar mucho más de lo que debemos, en función de nuestra apatía y dependencia.

Es hora de organizarnos y exigir en toda Europa una visión, si quieren, con bonos europeos, agencias de rating europeas y tasa Tobin en la UE; ese impuesto sobre las transacciones financieras que pocos se atreven a plantear.

Gracias.