Un señor de Triana

Me gusta el barrio de Triana, en Sevilla. Buen ambiente. Buenos bares. Buenos y competitivos comercios. Atención casi familiar. Respeto a las tradiciones y presencia, al mismo tiempo, de una juventud que se abre paso, a pesar de la que está cayendo. Si, Triana es un barrio como muchos de toda Andalucía, donde la gente es normal y lucha a diario por salir adelante. Yo digo Triana, pero podría decir muchos otros barrios de ciudades y pueblos de Andalucía.

El ciudadano corriente y moliente. Las familias luchando a brazo partido por salir adelante. Y una estructura de medios de comunicación que les ofrece visiones de una realidad que, en teoría, debería ayudarles en ese afán de seguir adelante. Debería dotarles de herramientas para entender una realidad cambiante, que está dejando a muchos ciudadanos fuera de juego, sencillamente porque es muy difícil entender y asumir modelos sociales tan complejos.

Los recientes acontecimientos electorales me llevan a pensar que estamos equivocados en este camino. Que no estamos los medios dotando de esas herramientas a los ciudadanos; es más, estamos enterrando la brújula en muchas ocasiones, generando una supuesta realidad que, como ha ocurrido recientemente, estaba muy distante de corresponderse con la verdadera. Y lo que es peor, comprobada esa diferencia, el ejercicio ahora es justificar la de hoy, con otra suerte de sortilegios que siguen condenando al ciudadano a este espectáculo tan poco gratificante.

Y para colmo Italia acaba con España en la Eurocopa. ¿Cómo es posible? Si  resulta que éramos la grande entre las grandes, sin competencia alguna. Legiones de periodistas convenciendonos de que de nuevo íbamos a arrollar. Y pese a que en los primeros partidos ya se veía venir la debacle, la opinión publicada insistía en que no era más que un  bache, que el gran momento llegaría. Y nunca llegó. Ahora, momento para justificar y conseguir así que los patrocinadores sigan financiando este club de excluyentes en el que los ciudadanos empiezan a ser un mero accidente.   

 

La sombra de lo que fuimos

Dos carteles

Las dos fotos fueron tomadas en junio de 2007 y marzo de 2014. Es el mismo cartel, en el mismo sitio, en el mismo solar, con los mismos partidos gobernantes (PSOE – PP) pero sin la sede. En este caso, la crisis llevó a reutilizar un edificio entregado por un constructor que debía dinero a la Administración, pensado para muchas cosas menos para ser sede judicial y así lo sufren día a día quienes trabajan allí.

En todo caso, cuando paso por esa carretera, prácticamente a diario, y veo ese pobre cartel, no puedo evitar encontrar el simbolismo de lo que fuimos y somos hoy, una sombra difuminada de lo que pudimos llegar a ser y se nos quedó en el camino, lleno de carteles anunciando buenas nuevas para todos. Y lo peor es que la clase política lo siguió haciendo durante muchos años más. En 2011, aquí, en Sanlúcar la Mayor, el PP prometió un aeródromo privado y una Ciudad del Caballo, nada menos. Vimos muchos carteles anunciándolos.

Ahora estamos ya en la precampaña de las Europeas y vuelve la algarabía política. Es cierto que ahora se cortan un poco al principio, pero en cuanto se les dan las palmas saltan a prometer la vuelta a un pasado — el de 2007 — que no volverá, que no puede volver, porque necesitamos encontrarnos a nosotros mismos imaginándonos como gente trabajadora que no aspira al pelotazo a la vuelta de la esquina.

El verdadero pelotazo es tener trabajo garantizado y bien pagado sin peligro de perderlo. Y aquí los únicos que se lo curran para seguir así son los políticos, que no permiten ni un centímetro de protesta en cuanto se pone en cuestión esa realidad. Así se defiende un trabajo, sí señor, con garra, diciendo lo que haga falta.

Prometo volver a poner otra foto del cartel dentro de 7 años. Apuesto a que seguirá ahí, más blanquito aún, ocultando nuestras vergüenzas.