Releyendo a Pániker: La dificultad de ser español

Portada del libro
Portada del libro de Salvador Pániker

“La dificultad de ser español y otras contrariedades”, de Salvador Pániker (Barcelona, 1927),  se publicó en 1979,  en la editorial Kairós, como recopilación de artículos escritos en la década 1968 – 1978 en los diarios La Vanguardia y El País. Hoy el libro es una rareza, aunque se puede encontrar por internet y a través de libreros enamorados de su profesión, como me ha ocurrido a mí en la Librería Quevedo, en su “sucursal” de la playa de la Antilla, donde me encontré este tesoro por 3 euros. Lo he vuelto a leer con una mezcla de desazón y esperanza, porque, 36 años después, muchos de sus argumentos y muchas de sus preguntas siguen sin respuesta, esperando el sueño común que sigue sin cumplirse. Temas como el terrorismo (hoy trasladado a la yihad), Cataluña, la Constitución o la corrupción siguen ahí, atentos a la desesperanza que ya entonces  alumbraba Pániker. 1979 fue el año en que prácticamente estrenábamos Constitución y fue también el año en que yo pisé por primera vez una redacción para ganarme el sustento, en una Huelva que, efectivamente, ha cambiado radicalmente desde entonces – no saben ustedes cuánto – pero que sigue con los mismos miedos profundos que padecíamos hace 36 años. Sigue leyendo

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Decir lo que se piensa

Hoy he tenido el privilegio de hablar y escuchar después en una conferencia a Andrés Ortíz-Osés, en La Rábida (Huelva). Lo mejor ha sido el final, digno resumen de un visión de la vida que sólo algunos privilegiados se pueden permitir, aquellos que ya no les da la gana de callarse y dicen exactamente lo que piensan. Eso sí que es revolucionario.
Se trata de un poema del poeta argentino Francisco Luís Bernárdez.

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

Ahí queda eso.