Comentarios a “Lecturas Pendientes” de Pedro Ugarte

Conocí al escritor Pedro Ugarte cuando vino a Sevilla a presentar su libro de cuentos “Nuestra Historia” (Páginas de Espuma, 2016). Asistí por recomendación de otro autor,  Andrés Pérez Domínguez, y aquello fue un encuentro íntimo, con no más de 15 personas, en la trastienda de la librería Casa Tomada. Uno ya se ha acostumbrado a que estos actos tengan este halo casi de clandestinidad y se agradece la cercanía y la oportunidad de intercambiar impresiones con alguien de su nivel. Ugarte es bastante modesto y no es él el que me ha descubierto la calidad de su obra, si no otro peculiar escritor vasco al que también descubrí hace tiempo, como es Javier Otaola, amén de mi admirado y ya mencionado Pérez Domínguez. Desde entonces estamos en contacto y de vez en cuando cambiamos impresiones, gracias a Facebook. Además, es un compañero periodista y estas cosas siempre tiran.

Me llevé el libro y lo leí en los dos días siguientes. No sobra nada. Es redondo. Cuando lo terminas te queda ese regusto de esperar al siguiente libro y hacerte con él en cuanto sea posible. Y así ha sido. Los Reyes Magos, tan inteligentes ellos, me han dejado en el sofá “Lecturas Pendientes. Anotaciones sobre Literatura” (Ediciones Nobel 2018) que aparece encuadrado en la Colección Jovellanos de Ensayo, como finalista que fue del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2017,  que se falla en la tierra del ilustre don Gaspar Melchor, en Asturias.

Lo primero que diré es que no es un ensayo. Al menos como yo lo concibo, una profundización temática que aborda cada pliegue de un tema de no ficción. Al contrario, es de fácil lectura y en modo alguno hay que sentarse en un escritorio, diccionario en mano, como habitualmente hay que abordar un ensayo. Así que pierdan temor los que gusten de la lectura en el sofá, sonriendo y anotando. Yo he subrayado 25 párrafos del libro, lo que significa que acabarán enriqueciendo epígrafes, ideas para relatos, motivos de conversación y hasta chascarrillos literarios.

“En este tiempo en que la imagen prevalece sobre las palabras, la literatura sólo se justifica si el lenguaje incorpora una revelación”… “Los libros que me gustan son los que lamento que se acaben”.   El libro está lleno de revelaciones de este tipo, como disparos certeros, de modo que hay que pararse, anotar y recuperar la normalidad de la respiración para seguir leyendo. Luego, hablando de respiraciones, el autor rememora su visita al médico y la ratificación —bastante bien lo sabe él por las noticias de sus ronquidos, que han traspasado fronteras— de que sufre apnea del sueño. Ramalazo de sinceridad que le honra pero, mi querido Ugarte, tranquilo que el mundo sigue dando vueltas y la apnea se resuelve con una maquinita que te convierte en el antídoto de la lujuria y que, desde ese momento, tus hijos te llamen “Darth Vader”. Da lo mismo, no podrás pasar sin ella, lo sé por experiencia. Yo, por darle un toque humano, llamo a mi máquina “Mari Pili” por aquella canción de Ejecutivos Agresivos “Mari Pili está a mi lao” y, sí, lleva conmigo 13 años ya y lo que te rondaré morena. No lo dudes, busca tu maripili.

Como ven ustedes, no estamos ante un ensayo, ni mucho menos. “Algunas de las mejores autobiografías que he leído pertenecen a escritores de vida bastante tranquila”, dice Ugarte. Estoy de acuerdo, es una cuestión de narración. El propio autor reconoce que su vida se desarrolla en un cuadrado bastante pequeño de Bilbao y con eso parece ir sobrado. Es cierto, sus narraciones podrían estar en todas partes. Eso sí, el paso de los años y el cansancio vital están en todo el relato, no desde el pesimismo, más bien desde el realismo informado. “Si llego a la vejez, espero hacerlo con la lucidez suficiente para no confundir mi propia extinción con la del mundo”… ”Hoy he tenido una idea magnífica… luego me he distraído un momento, he bebido un vaso de agua y he abierto el ordenador: la idea ya se ha evaporado, de modo que sólo puedo dejar testimonio, con estas líneas, de la terrible pérdida”. Eso se llama exceso de confianza. A mí me ha ocurrido varias veces y ahora lo que hago es grabar la idea como nota de voz en el móvil, esté donde esté y con quien esté. Estas cosas no se pueden perder.

¿El periodista aparece de vez en cuando en el libro? Yo diría que sí: “No es necesario recurrir a las fuerzas del orden: son los trasgresores de guardia, los trasgresores profesionales, instalados en el centro del sistema, los que laminan todo intento de verdadera trasgresión. En el fondo, el papel de los trasgresores de guardia es garantizar que todo siga igual”.  Que se lo digan a Pablo Iglesias, por ejemplo. Por cierto, que Ugarte destila un hartazgo hacia el establishment bastante evidente y, probablemente, pagará un precio por ello. “Pequeños burgueses que se imaginan parte de las clases privilegiadas. Y millonarios, catedráticos, actores famosos y escritores laureados que se imaginan parte de las clases oprimidas. La vanidad de la gente no tiene límites”… “Los estadounidenses están muy orgullosos de su país, mientras que aquí ni siquiera nos ponemos de acuerdo en cuál es el país del que debemos avergonzarnos”… “He comprobado la tremenda dificultad que tiene la gente de derecha para declararse de ese modo en el ámbito público. En cambio la gente de izquierda no tiene ninguna dificultad para comportarse como gente de derechas en el ámbito privado”. Certero y claro.

A mí me gustan sus disquisiciones literarias, que las hay para todos los gustos. “Digamos que en la novela el proyecto precede a la ejecución mientras que en el cuento y en la poesía suele ocurrir al revés”. Me encanta. Me da aliento para seguir apostando por el relato. Gracias. Ya habrá tiempo para novelar. “La novela es el parto de un animal muy grande (un elefante, una ballena) que exige largos meses de gestación. El cuento asoma casi sin embarazo, cierto, pero necesita después el trabajo concienzudo de un relojero”… “Nuestro tiempo, tan agitado, repleto de estímulos de todas clases, sigue siendo más favorable a la novela porque el cuento, por breve que sea, exige reclusión, concentración, consagración”.

¿Cuento o relato, cómo prefieres llamarlo, Pedro?

“La predisposición del escritor profesional ante la literatura. Antes leías a los grandes autores de la literatura universal, para experimentan una sacudida en el alma. Ahora lees a tus contemporáneos para algo tan feo y tan triste como ver de qué van”… “Ese tipo de escritor que escupe contra el suelo y que jura en voz alta, mientras se dirige a recoger un nuevo premio del brazo de alguna reina-madre o de alguna princesa anoréxica”.   Amigo Ugarte, definitivamente vas a ir al infierno por decir estas cosas y allí me gustaría encontrarme contigo. Anda, haz un esfuerzo y volvamos a la clandestinidad de presentar tu libro en cualquier trastienda. La conversación promete.

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