El inmigrante que tuvo que olvidarse de su pasión por el café

Si, lo confieso, yo uso Bla Bla Car tanto con mi coche como con los de otros, sobre todo desde que Damas se ha convertido en su mejor aliado, dado el bajo servicio que prestan. Lo cierto es que hoy he traído de Madrid a un inmigrante nicaragüense de 26 años, ingeniero de Sistemas, de nombre Milton. También está en España su esposa, licenciada en Finanzas, y ambos tienen una niña de 5 años que se quedó allá, al cuidado de la abuela. Milton llamó casi a punto de comenzar el viaje y se apuntó, porque llevaban 45 días sin pagarle en el chalé de lujo de Madrid donde hacía de jardinero, por 700 euros al mes, con jornadas de 11 horas.

Se vuelve a Sevilla, al lado de su esposa y volverá a buscar trabajo. Milton es muy culto y conoce muy bien la historia de su país y ama profundamente a Rubén Darío. En España ha cuidado durante varios años a dos personas mayores, una de ellas con alzheimer. Su esposa también se dedica al cuidado de personas dependientes. Se buscan la vida como nadie. En su país un sueldo normal son 150 euros y aquí, afanándose los dos en trabajar mucho, gastar poco y ahorrar lo que se pueda, confían en volver a Nicaragua con su familia, donde tienen un cafetal. De momento, ya han conseguido el dinero para que su hija tenga estudios hasta el Bachillerato y siguen ahorrando para construirse una casa.

Más de la mitad del viaje se lo ha pasado contando las excelencias del café de su familia, que no tiene nada que ver con el que tomamos aquí. Me ha hablado de cómo y cuándo se recoge, de cómo se vende, se tuesta y se consume. Toda una teoría vitalista a la que él piensa volver, porque lleva ya dos años sin ver a su hijita.

Prometo pensar en Milton y en tantos como él cada vez que me queje de algo. Ya ven ustedes, lo que se aprende con Bla Bla Car.

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One response to “El inmigrante que tuvo que olvidarse de su pasión por el café

  1. Bonita historia, muchos sin querer nos olvidamos de nuestra pasión por la presión económica, por tener familia, etc. Conozco un caso en el café de dos muchachas nicaragüenses que viven diariamente su pasión de sacar adelante su café. Van de feria en feria, ambas arquitectas dejaron su carrera para dedicarse al tueste, empaque, mercadeo y propaganda. Desde que apunta el día sus vidas giran en torno de ello. Las felicito cada vez que las veo porque en café no hay empresas de dos meramente subsistiendo con mera voluntad. También a pesar de todo usaron su creatividad como arquitectas y con el paso del tiempo tienen el mejor empaque del país. Algo que ni las mejores marcas han logrado. Los inmigrantes tienen valor de ir a lo desconocido, pero para mi el ejemplo esta en los que se quedan y que con poco logran más de lo que alguien pudiera imaginar. Me acuerda como dices que tanto nos quejamos por nuestra realidad y que poco hacemos por cambiarla.

    Saludos

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