Releyendo a Pániker: La dificultad de ser español

Portada del libro
Portada del libro de Salvador Pániker

“La dificultad de ser español y otras contrariedades”, de Salvador Pániker (Barcelona, 1927),  se publicó en 1979,  en la editorial Kairós, como recopilación de artículos escritos en la década 1968 – 1978 en los diarios La Vanguardia y El País. Hoy el libro es una rareza, aunque se puede encontrar por internet y a través de libreros enamorados de su profesión, como me ha ocurrido a mí en la Librería Quevedo, en su “sucursal” de la playa de la Antilla, donde me encontré este tesoro por 3 euros. Lo he vuelto a leer con una mezcla de desazón y esperanza, porque, 36 años después, muchos de sus argumentos y muchas de sus preguntas siguen sin respuesta, esperando el sueño común que sigue sin cumplirse. Temas como el terrorismo (hoy trasladado a la yihad), Cataluña, la Constitución o la corrupción siguen ahí, atentos a la desesperanza que ya entonces  alumbraba Pániker. 1979 fue el año en que prácticamente estrenábamos Constitución y fue también el año en que yo pisé por primera vez una redacción para ganarme el sustento, en una Huelva que, efectivamente, ha cambiado radicalmente desde entonces – no saben ustedes cuánto – pero que sigue con los mismos miedos profundos que padecíamos hace 36 años.

La contraportada ya engancha, porque se centra en el concepto de desfase histórico. “En España no ha habido Siglo XVII (secularización, tolerancia religiosa, revolución científica); no ha habido siglo XVIII (revolución burguesa); no ha habido siglo XIX (revolución industrial, movimientos sociales). Hoy parece que sea posible ponerse al día. Lo que ocurre es que estamos llegando a la democracia en un momento en que el concepto tradicional de democracia está sujeto a revisión en todo el mundo occidental. Por esto se discuten aquí los temas del poder y la verdad, el terrorismo, la enseñanza, la autogestión, la burguesía enferma, la crisis del keynesismo, la crisis del marxismo, el deseo de inventar alguna forma de democracia directa; en una palabra, el conjunto de tensiones propias de una sociedad plural y acelerada.”

Las vacaciones me han permitido leer el libro como si fuera una bebida gaseosa, temeroso de que se le fuera la fuerza si lo dejaba, y ha conseguido que no me apartara de él hasta no haber tomado muchas notas, que son en las que se basa este artículo en mi blog, que escribo sencillamente porque me apetece, porque merece la pena sumergirse en estos textos, cuya vigencia sigue ahí, aleccionándonos día a día.

La primera en la frente

En el artículo “Crónica local”, publicado en marzo de 1968, Pániker relata su lectura de la visita de un ministro a la ciudad, recibido por las autoridades, saludado por un sinfín de afines al régimen, “el ministro cedió la palabra a don fulano de tal, que destacó con verbo cálido la profunda significación del acto; el ministro declaró inaugurado el acto, y el ministro pronunció un trascendental discurso”, en una suerte de inventario jerárquico de los asistentes. “No hay fisura. Todo es como debe ser, hueco y engolado. No hay la más ligera pizca de insumisión o heterodoxia. Todo obedece a la más estricta, monolítica y artificial banalidad”.  Como periodista diré únicamente que sigo leyendo, viendo y escuchando las visitas de ilustres políticos en sus correrías por Cataluña, por Andalucía o por Madrid. El inventario jerárquico antedicho sigue ahí, inasequible al desaliento. El artículo termina con un deseo. Juzguen ustedes si se da por cumplido, sobre todo si reconocemos que Europa es hoy un animal económico herido que nos separa más que nos une. “Ganar el retraso acumulado por el aislacionismo del pasado y del presente; pasar de la Edad del Refranero a la Edad de la Electrónica, un poco súbitamente y sin demasiadas violencias, podría ser la misión histórica de una nueva generación de españoles. De españoles europeos.”

En “Universidad y Sociedad”, publicado el 21 de junio de 1970, concluye, hace ya 45 años, con la siguiente reflexión, caminito de la casa del exministro Wert en París. “Tienen razón quienes afirman que el futuro de un país depende de la reforma educativa. Pero, a continuación, hay que preguntar de qué depende la reforma educativa”. Si, hay que seguírselo preguntando.

En “La sociedad transparente”, publicado en mayo de 1970, explica Pániker que hay que dar la bienvenida a un país intercomunicado electrónicamente, que no puede ser gobernado igual que en una sociedad opaca. “La sociedad transparente, instrumentalizada por la cibernética, podría terminar con el proletariado como clase predestinada. La tensión política – y cultural – se plantearía entonces a otros niveles…. Ha de crearse un caldo de cultivo que permita la intercomunicación de los ciudadanos precisamente a través de sus diferencias de ideología y de lenguaje”.  Una reflexión que sigue siendo de plena actualidad, aunque las redes sociales se han convertido en ese instrumento que, desgraciadamente, mira más al marketing que al entendimiento entre los ciudadanos. Marketing y Comunicación no son la misma cosa, por mucho que algunos se empeñen en identificarlo.

El 10 de abril de 1974 publica Pániker “Perspectiva sociológica”  donde da fuerte en un largo clavo que ha recorrido los 41 años que nos separan de ese texto sin perder un átomo de su actualidad. Más bien al contrario. “En todo caso, el mito del progresismo parece concluido. El optimismo tecnológico ha cedido su puesto a una conciencia – individual y colectiva – de frustración. Pertenecemos a un mundo cuya complejidad no dominamos intelectualmente; un mundo donde la circulación de información es incesante y, en su mayor parte, inútil: todos hablan, casi nadie escucha.”

El 9 de abril del 75 Paníker responde a las preguntas de un periodista de La Vanguardia. “En momentos de crisis económica todo es posible; pero mi esperanza está en que exista un número suficientemente elevado de personas inteligentes, preparadas, motivadas, enérgicas, autodisciplinadas, innovadoras y abiertas al pacto, las cuales se interesen a fondo por la cosa pública.

  • ¿Existen esas personas?

Da la impresión de que existen, si bien la mayoría están obsesionadas por expectativas obvias e inmediatas”. A ver si alguien de Podemos lee esta cita y reflexiona.

El 8 de octubre de 1976 (faltaban pocos días para que yo iniciara mis estudios de Periodismo en Madrid) publica “La era informacional”… “en una sociedad presidida por el concepto de información resulta enormemente delicado el tratamiento de los signos que conducen esta información. La información puede ser hoy tan relevante y peligrosa como antaño lo fuera la energía… La información da sentido a los actos, a los hechos y a los acontecimientos”.

El artículo no tiene desperdicio. Resume en unas pocas líneas todos los aspectos relacionados con los distintos códigos que usamos para comunicarnos y la pérdida siempre de una parte de la información en ese proceso. Entra entonces en la política. –“Los políticos deberían comprender que la gente se encuentra bastante fatigada de cualquier tipo de demagogia, de un juego político excesivamente agresivo, polémico o de picapleitos… A mucha gente le resulta tedioso que en cuanto un líder político de determinada tendencia abra la boca se pueda saber ya de antemano las letanías que va a recitar”.

Terrorismo

En “El terrorismo como lenguaje” publicado el 24 de febrero de 1978 toca una clave complicada que sigue teniendo hoy una vigencia brutal, sumidos como estamos en el miedo al diferente. “Existe mucha gente que sin practicar el terrorismo tiene la mentalidad del terrorista. Son todas esas personas que sólo creen en la fuerza bruta y en el poder bruto. Son estos personajes que tan a menudo aparecen en los telefilmes americanos y cuya única obsesión es el poder del dinero.”  Añadamos incluso en 2015 a algún aspirante a la Casa Blanca.  “Ahora bien – concluye—frente a este lenguaje amenazante, lo que procede es no contaminarse, no asustarse, no involucionar.” Incluyamos a la lógica no involucionista, por favor, a nuestros gobernantes. Recordemos las armas de destrucción masiva de Sadam, bien aprovechadas para una nueva carrera armamentística que ha terminado con Iraq y Siria sumidos en el terror. Mientras tanto, cientos de miles de hombres y mujeres huyen de esos países en conflicto buscando la tranquilidad de una Europa que se muere de miedo y una Grecia que también se está llenando de los que huyen, porque es su única esperanza.

En fin, un magnífico libro que me ha encantado leer en las mañanas de la Biblioteca de la Antilla, aprovechando que su wifi está siempre caída y me mantiene desconectado del mundo. Pániker ha conseguido que dude de mi habitual manera de hablar de esta “segunda transición” que estamos viviendo ahora, en comparación de aquella de hace más de 30 años. Hoy tengo la sensación de que es la misma Transición, porque los problemas persisten y las intenciones no han cambiado. Larga vida al autor.

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