Un recuerdo de gratitud

Cartilla del Guardia CivilChomsky ya lo explicó con claridad hace medio siglo. Los gobiernos autoritarios establecen analogías completas y absolutas entre los gobernantes y las instituciones, de modo que nos quieren hacer creer que cuando ellos son criticados, se ataca la institución. De esta forma salen siempre bien parados.

En Venezuela, Maduro, fiel y gran discípulo de Chávez, es un maestro en estas artes de identificarse con la institución; como lo es nuestro ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz que, a cuenta de los sucesos de Ceuta, se escabulle de toda responsabilidad echando el muerto a los ciudadanos porque, nada menos, se les ocurre criticar a la Guardia Civil. Esa es la falacia. No basta con defender ante los periodistas a la Guardia Civil, señor ministro, sino que hay que tomar las medidas políticas y económicas necesarias para garantizar la seguridad fronteriza, reclamando ante Europa esa garantía y esa inversión. Dejar a los guardias civiles, con los medios actuales, actuar ante los miles de hombres y mujeres que buscan una vida mejor y no van a parar — tengámoslo claro, porque no tienen nada que perder– es una injusticia y un acto de incompetencia por parte de sus responsables. Con la dotación actual no se puede garantizar la seguridad de la frontera. Todo lo demás es propaganda barata.

La Guardia Civil es una institución de 82.000 personas y, obviamente, los habrá de toda condición. Desde niño he visitado cuarteles. Tengo famila y amigos en la institución. He asistido a la dura realidad de la muerte en acto de servicio de sus miembros y he aprendido a respetarles por su trabajo y entrega. Ellos saben que son apreciados por la población y que su presencia es una garantía de disfrutar de nuestros derechos constitucionales.

Alguien pensará que me estoy metiendo en un jardín. Que no es políticamente correcto decir estas cosas. Eso es lo triste, pero a mi edad empiezo a pasar de lo políticamente correcto. Conozco a la Guardia Civil como institución y tiene mi respeto, aprecio y gratitud personal y su presencia es siempre, para mí, garantía de orden y libertad. Reproduzco aquí unas líneas de la Cartilla de la Guardia Civil, que sigue vigente. “Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido…”

La Guardia Civil siempre ha sobrevivido a los tiempos duros. Mucha gente no sabe que respetó la legalidad en la República y mayoritariamente se negó a sumarse al Golpe, lo que le costó el ostracismo de Franco y un intento de disolución. De modo que escribo esta entrada para que sus miembros sepan que tienen mi respeto. Profesionalmente he trabajado junto a sus unidades en algunas ocasiones. Incluyo aquí la estancia que tuve en Kosovo, acompañando a un grupo de agentes de la Comandandia de Montequinto, en Sevilla, en 2001, pocas semanas después del 11S.

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